Educación

Las emociones como parte de la educación integral de las personas

La educación de las emociones muestra sus beneficios allá donde se incorpora al modelo educativo porque  logra que los alumnos se conozcan a sí mismos, respeten a los demás así como al entorno donde viven desarrollándose como personas plenamente felices.

Comprender en profundidad cómo la educación de las emociones puede contribuir al desarrollo integral de los estudiantes es un reto y una necesidad. Actualmente, la educación reglada se sustenta sobre materias realmente relevantes como las ciencias o la educación de humanidades.

Estamos de acuerdo que son aspectos básicos de la formación de toda persona, sin embargo, el desarrollo pleno de las emociones se ve relegado a un segundo lugar. Veamos la relevancia de las emociones y su papel en la educación.

Las emociones en la educación

Para lograr el pleno desarrollo personal, la enseñanza, tiene las herramientas ideales con las que lograr una visión integradora de los aspectos cognitivos y emocionales de los estudiantes. Estas herramientas se basan en el concepto de inteligencia emocional que vamos a definir como un uso eficiente de las emociones pero, en este caso, en el ámbito de la formación de los alumnos.

¿Cómo logramos integrar las emociones en el proceso educativo?

Hemos de tener en cuenta que las emociones influyen directamente en nuestra capacidad perceptiva, por tanto, eliminarlas del proceso pedagógico es, de alguna manera, reducir la capacidad de aprendizaje del alumno.

Educar para ser personas, ciudadanos y para vivir con plenitud hace que adquirir conocimientos sea un medio para lograr esa madurez y no un fin en sí mismo. Que nuestros alumnos sean brillantes en materias como matemáticas, lengua o química es relevante pero si esas materias son estancos asilados y sin retroalimentación personal o social, el joven o el niño, no los integra en su personalidad. Veamos como podemos integrarlas en la educación:

La relación interpersonal profesor/maestro con sus alumnos está repleta de emociones. Pero, además de establecer una relación positiva, de respeto mutuo, de aceptación del otro y de acompañamiento en el proceso, es necesario ir un paso más allá e impartir conocimientos sobre las emociones. El profesor no es un mero transmisor de conocimientos sino que ayuda a que sus alumnos sean capaces de conocer sus propias emociones y las sepan autogestionar adecuadamente.

– La importancia de una comunicación positiva con el alumno hace que exista retroalimentación. Nos debemos basar en una comunicación activa, fluida y donde los alumnos tengan siempre el conocimiento de lo que deseamos lograr. Es decir, ellos deben formar parte activa del aprendizaje.

– La metodología de las clases se puede establecer de forma que los alumnos deseen y, de hecho, participen activamente y expresen su creatividad, sus emociones y sus propios conocimientos. Es muy importante que tengamos en cuenta los diversos momentos de desarrollo personal porque es diferente la forma de educar las emociones en la etapa infantil que en la adolescencia.

– Educar motivando es nuestra mejor herramienta porque aquello que no nos motiva, simplemente, no se aprende. Este ha sido un hándicap de la educación tradicional basada en clases magistrales y memorización, por eso, este nuevo planteamiento es prácticamente un cambio de paradigma en la enseñanza.

Como conclusión podemos afirmar que la educación de las emociones muestra sus beneficios allá donde se incorpora al modelo educativo porque  logra que los alumnos se conozcan a sí mismos, respeten a los demás así como al entorno donde viven desarrollándose como personas plenamente felices.


Redacción Ludicco

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